B - PROGRESISMO
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a fe en el progreso ha sido la tendencia dominante a lo largo de la
historia. La idea de progreso sostiene que la humanidad ha avanzado en el
pasado a partir de una situación inicial de primitivismo, barbarie o incluso
nulidad y que sigue y seguirá en el futuro.
Podemos establecer dos tendencias dentro de esta corriente:
a - Para algunos autores el progreso consiste de hecho en el lento y
gradual perfeccionamiento del saber en general, de los diversos conocimientos
técnicos, artísticos y científicos, de las múltiples armas con que el hombre se
enfrenta a los problemas que plantea la naturaleza o el esfuerzo humano por
vivir en sociedad.
b - Se centra más bien en la situación moral o espiritual del hombre en la
tierra, en su felicidad, su capacidad para librarse de los tormentos que le
infligen la naturaleza y la sociedad. Para esta corriente el objetivo de progreso,
el criterio del avance, es la consecuencia en la tierra de esas virtudes
morales o espirituales y, en último término, el perfeccionamiento cada vez
mayor de la naturaleza humana.
El auge de la idea progresista se encuentra entre 1750-1900, tanto en la
mentalidad popular como de los intelectuales.
Las ideas dominantes del progreso son: igualdad, justicia social,
soberanía popular, que dejan de ser anhelos para convertirse en objetivos que
los hombres querrán alcanzar aquí en la tierra. También habrá de producirse la
secularización de la idea de progreso al desligarse éste de la idea de
Dios.
1 - Progreso como libertad
El Ministro de Luis XVI, Turgot, reflexiona sobre la función y distribución
de la riqueza como podemos ver se anticipará incluso a A. Smith.
Un sistema económico basado en la libertad individual, la autonomía del
individuo respecto a los derechos y caprichos gubernamentales, y, sobre todo,
la libre empresa.
Por su parte Adam Smith, se destaca por encima de todos como máximo
defensor de la libertad económica
individual. El motor del progreso humano, sobre todo del económico, es "el
esfuerzo natural que hace cada individuo por mejorar su propia situación".
2 - Progreso como poder
Este enfoque ubica las corrientes que defienden el nacionalismo, el
estatismo y también tendencias utópicas y racistas.
Entre los pensadores se destacan: Rousseau, Fichte, Hegel, Saint Simon,
Comte, Marx, Gobineau.
En la perspectiva de Hegel, por ejemplo, para alcanzar la verdadera
libertad, el individuo necesita adquirir conciencia de sí mismo como parte
orgánica del Estado Absoluto.
Para Marx, la dictadura del proletariado era una condición indispensable
para el arranque del socialismo y para llevar a cabo bajo éste la reforma del
hombre.
Fueron los filósofos e ideólogos del siglo XIX quienes con más fuerza
impulsaron la idea de progreso.
El Estado era más que una simple estructura legal y social, era una forma
exacta de perfección moral o una especie muy peculiar de libertad, de gracia
espiritual o de pureza idealista.
Por su parte Fichte sostenían que, el Estado es el único ente capaz
de dar a los individuos las condiciones necesarias para su trabajo. Sólo el
Estado está facultado para proteger al individuo, la propiedad, todas las
actividades económicas; sometiendo tanto estas actividades como a las
agrupaciones sociales formadas en torno de ellas a un control, con el fin de
lograr una distribución equitativa de todos los medios de subsistencia entre
los ciudadanos individuales.
Una última manifestación del progresismo entendía como poder la teoría del
racismo, la creencia en que el progresismo es algo inseparable de la
existencia de determinados grupos sociales históricos.
Los pensadores políticos norteamericanos de la era progresista buscaban una
teoría del Estado, de la naturaleza del gobierno, que satisficiera las
demandas del realismo modernista y al mismo tiempo, fortaleciera las
aspiraciones y estrategias del progresismo. La teoría jurídica del Estado,
como la llamaba Beard, el concepto de que el Estado estaba formado por "todo
el pueblo", era a la vez demasiado conservador para satisfacer las
necesidades progresistas de una visión crítica del gobierno, y demasiado
abstracto para el anhelo de realidad de los autores progresistas.
3 - EE.UU.-Uruguay
Progresismo y batllismo son dos corrientes que se extendieron al ámbito
político, económico y social, marcando una época en sus respectivos países.
Se ubican en la línea de las corrientes reformistas de principios de siglo
a nivel mundial, siendo su propuesta cambiar la sociedad.
Podemos establecer puntos en común y diferencias entre ambos movimientos.
Establecer al progresismo y al batllismo como movimientos "reformistas",
implica la búsqueda de transformación de la sociedad, utilizando como
instrumento la ley para lograr tal finalidad.
Para definir el progresismo recurrimos a Hofstadter, el cual lo
establece como un "...impulso
general hacia la crítica y el cambio que fue en todas partes visible después de
1900, cuando la anterior potencia corriente de descontento agrario fue
ampliada y redirigida por el creciente entusismo de la gente de clase media por
las reformas económicase y sociales".[1]
Por su parte Grompone, establece que el batllismo "...es
ante todo una tendencia ideológica sobre el gobierno y la organización social,
características bien definidas y que ajusta a una concepción de problemas
nacionales que se van resolviendo por la adaptación a las necesidades del
medio, de principios racionales".[2]
Para la historiadora Rodríguez de Baliero: "Ambos movimientos
tienen sus raíces en el pasado inmediato. El progresismo es hijo del populismo,
nacido a su vez del descontento de los sectores agrícolas y rurales por la
situación económica. El populismo, a pesar de tener sus líderes y su órgano de
expresión en un partido político, no pudo llevar a cabo ninguna realización
concreta, imposibilidad práctica superada por el progresismo que plasmó muchas
metas del populismo. En Uruguay, los problemas planteados por el batllismo
tampoco constituyen una novedad...".[3]
En EE.UU. este reformismo parte de la clase media, sector que había crecido
enormemente, con la aparición de las corporaciones y las especializaciones surgidas de la sociedad
corporativa.
Los líderes del progresismo se reclutaron principalmente entre los
abogados, editores de periódicos, industriales independientes y comerciantes.
En Uruguay la diferencia radicó que este fenómeno se originó no en el
sector social como en EE.UU., sino en el político. Por lo tanto las reformas
partieron del gobierno, del partido político, más bien de la fracción política,
que se encontraban en el poder.
Dentro de este proceso, jugó un
papel decisivo la clase media, un sector que caracterizó al Uruguay contemporáneo
y que es en gran medida producto de ese movimiento.
El progresismo norteamericano adoptó una postura crítica frente a las
instituciones políticas y económicas, produciéndose las reformas que preconizó
a partir de la observación de que el desarrollo económico en los últimos
tiempos no armonizaba con la situación política y social del momento. Así
podemos analizar:
a - Confusión ética resultante de aplicar el código moral de una sociedad
agraria individualista a las realidades de un orden social altamente
industrializado.
b - Control por los trust y monopolio de las riquezas naturales y del
trabajo, con la consiguiente explotación de la riqueza social para beneficio
privado.
c - Desigual distribución de la riqueza.
d - Crecimiento incontrolado de las ciudades.
e - Quiebra de la honestidad política y del sistema administrativo;
existencia de instituciones administrativas anticuadas para resolver los nuevos
problemas.[4]
Lo primero que pretendieron atacar los progresistas es lo referente a la
reforma de los negocios. Es decir instrumentar el monopolio por parte del
Estado, como forma de frenar a los Rockefeller, Morgan, etc. El presidente William
Taft (1909-1913) establecía: "Por espacio de treinta años fuimos
testigos de una gigantesca expansión de orden material en nuestro país, en el
transcurso de los cuales nos olvidamos a nosotros mismos en medio de la fiebre
por fomentar nuestros recursos materiales y hacer de esta nación la más rica
del mundo. Alcanzamos este objetivo por medio de la organización y cooperación
como principios fundamentales para desarrollar las posibilidades materiales del
país. Al estimular la inversión de capitales estuvimos a un paso de hacer que
el poder político pasara a manos de quienes manejaban los grandes consorcios de
la riqueza nacional, orillando apenas el peligro de ser víctimas de una
plutocracia".[5] Este aspecto no
lo defenderá la clase media uruguaya, sino el propio gobierno, como forma de
retener las riquezas en el país y como forma de lograr la independencia
económica.
En segundo lugar los progresistas verán la importancia de hacer frente a
las formas más ultrajantes de explotación de la clase trabajadora, lo que
comúnmente llamamos la "cuestión social".
Por último, en el plano político, buscaba
restaurar el gobierno popular, como ellos imaginaban que existía en
épocas pasadas, promoviendo una serie de
cambios en la mecánica de la vida política.
Para poder concretarse todos estos cambios, el rol protagónico lo debía
asumir el Estado. Significaba un cambio de mentalidad, abandonar la filosofía
del laissez-faire, la cual regulaba hasta el momento las relaciones entre el
sector público y el privado, a favor de una mayor intervención estatal.
El batllismo empieza por lo político, continuando con lo económico para
finalizar en lo social. "Así como el progresismo dirigió uno de sus
principales frentes de lucha contra los monopolios,...el batllismo dirigió su
ataque contra el sistema de explotación
de la tierra basado en la ganadería
extensiva y en el latifundio. Propugnó la idea de transformarlo en pequeñas
propiedades dedicadas a la
agricultura. El asentamiento que este cambio provocaría no sólo
solucionaría el problema económico y social, sino que redundaría en beneficio
de una mayor estabilidad política...
Pero el batllismo también luchó contra los monopolios, representados en el
país por el imperio británico...
Como el progresismo, el batllismo se ocupó también de la "cuestión
social" y del problema de los trabajadores, sobre todo ante la creciente
ola de huelgas manifestadas a partir de 1895".[6]
El pasaje de aquellos servicios que estaban en manos de los particulares al
Estado, se entendía era esencial, porque
el capital privado podía anteponer sus intereses a los públicos, donde tenía
que sustituir a las empresas extranjeras que luchaban en desmedro del interés
nacional y, por último, sólo el Estado era capaz de actuar como árbitro en los conflictos entre patronos y
trabajadores, en forma tal de no volcar la balanza para un lado u otro.
Una característica en común entre el progresismo y el batllismo es que
ambos movimientos son fundamentalmente urbanos, la ideología que los sustentó,
sus impulsores y los líderes que la
propagaron provenían de la ciudad.
De las ciudades surgirá la clase media, la cual será la abanderada de este
proceso, siendo en nuestro país en muchos casos conducida por el sector
político.

En materia de legislación social se votaron en los primeros 15 años de este
siglo más leyes que en ninguna otra época de la historia de los EE.UU.
En lo que se refiere a las realizaciones del batllismo, ya lo hemos visto,
en su gran mayoría corresponden a la segunda presidencia de José Batlle y
Ordóñez.
"Movimientos ambos de origen urbano, movilizaron en un caso a la
clase media y en otro sentaron las bases de su futuro predominio. El reformismo
progresista y el batllismo coexistieron con la presencia de ideas socialistas
aunque sin confundirse con ellas, pues ambas creyeron posible las reformas
dentro de la estructura capitalista y por métodos totalmente ajenos a la
violencia.
Creemos, sin embargo, que el batllismo caló más hondo como elemento
transformador del orden social que el progresismo. Llegó incluso en el plano
político a promover y lograr la reforma del régimen político con el establecimiento
del Colegiado, además de obtener, luego de casi un siglo de vigencia, la
sanción de una nueva Constitución sin duda en su afán de promover una verdadera
democracia política, pero los progresistas no cuestionan en momento alguno la
validez del sistema federal, si bien están de acuerdo en aumentar en ciertos
campos las prerrogativas del gobierno central. A parte el hecho de que en el
Uruguay se trata más bien de construir una democracia política que, si bien
establecida en los textos
constitucionales, nunca había podido funcionar debidamente, mientras
que en EE.UU. se trata de revitalizar una democracia que ya reinaba en
el pasado".[7]
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